Dos amigos comparten vermut y gildas durante el aperitivo en La Bitácora

Qué hace buena una gilda (y con qué vermut la acompañamos)

Cabe en un palillo. Y aun así, ahí dentro conviven sal, vinagre y un puntito de picor. La gilda es el aperitivo en miniatura: tres conservas, un palillo, listo. O casi. Porque de una gilda cualquiera a una gilda buena hay un trecho, y de la tradicional a las versiones modernas, otro. Vamos por partes.

Qué lleva una gilda de verdad

Tres cosas, ni una más: aceituna, anchoa en salazón y piparra (la guindilla de Ibarra en vinagre), todo ensartado en un palillo. Un chorrito de aceite de oliva por encima, opcional pero habitual. Así la cuenta Turismo Euskadi, y la Cofradía de la Gilda y el Pintxo también, con sus matices: una aceituna o dos, la piparra entera o troceada, cada casa a su rollo. Lo que no cambia nunca es el trío.

Y una cosa clara: la piparra pica poco, como mucho un toque suave. Si un día os pica de verdad, eso ya no es una gilda, es otra cosa.

Donostia, los años 40 y Casa Vallés

La gilda nació en San Sebastián en los años 40, y va pegada a Casa Vallés, que abrió en 1942. Cuentan ellos mismos que antes vendían aceitunas, anchoas y guindillas por separado, hasta que a alguien se le ocurrió juntarlas en un palillo. Y ahí se quedó. EITB cuenta la misma historia. Lo que nadie tiene es una fecha exacta, así que no os la vamos a inventar.

¿Y por qué se llama «gilda»?

Aquí vamos con cuidado, porque la historia que corre es bonita pero nadie la ha podido documentar con papeles. Se dice que un cliente al que llamaban Txepetxa fue el primero en montar el trío, que los demás le copiaron, y que el bocado acabó llamándose como la película de Rita Hayworth. Aquel nuevo bocado era verde, salado y un poco picante, y el nombre de Gilda se quedó. Hasta la propia Cofradía lo cuenta con un «se dice». Nosotros también: se dice. Buena historia, sí. Como fecha de nacimiento oficial, no sirve.

Por qué funciona

Miráis los ingredientes y la gilda se explica sola. La anchoa pone la sal. La piparra, acidez y ese picor que no molesta. La aceituna aporta un punto salino y una textura que aguanta el bocado. El aceite lo une todo y le da riqueza. La Cofradía recomienda comerla de un solo bocado, para que todos los sabores lleguen juntos. No hay magia: es un bocado pequeño, intenso, bien montado. Turismo Euskadi la llama «el aperitivo de todo bar», y la verdad, cuesta llevarles la contraria.

Con qué vermut va bien

La gilda clásica de anchoa tiene carácter, así que pide un vermut a la altura. Una muy buena elección es Dos Deus Estrellas: potente, especiado y con notas a hierbas silvestres, le hace frente a la salazón. Para versiones más ligeras, Espinaler Blanco aporta frescura en vez de peso, con su aroma elegante y su sabor equilibrado, ligero y refrescante. Tomadlo como lo que es: una recomendación con criterio, no un mandamiento.

Y luego está la gilda que tenéis delante en ese momento. ¿Lleva más vinagre? ¿Un toque ahumado? ¿Un pescado más graso? Eso cambia la ecuación, y manda más la preparación que el color de la botella. Si queréis un método de verdad para elegir vermut sin ir a ciegas, lo tenéis en cómo se toma el vermut y cuál elegir.

Las gildas de La Bitácora

En la carta tenemos gildas de anchoa, de pulpo y de sardina. Si queréis saber qué lleva exactamente cada una, preguntad en la barra. Y para el vermut que la acompañe, echad un ojo a la carta o simplemente contadnos qué os gusta: os ayudamos a dar con la combinación. Si queréis saber dónde estamos y cómo llegar, aquí tenéis la dirección y las indicaciones.

La gilda lleva ochenta años demostrando que un aperitivo no necesita fuegos artificiales: un palillo, tres conservas bien elegidas y alguien con quien compartirlas. Probad, comparad, quedaos con lo que os funcione. Nosotros ponemos el resto.